Monday, January 12, 2009

Dada mi inclinación al movimiento indigenista, decidí participar en la caravana de solidaridad dentro del primer festival Mundial de la Digna Rabia, convocado por el EZLN (Ejercito Zapatista de liberación Nacional) y de esta forma festejar sus 25 años de su fundación, 15 desde su primera incursión en el espectro social al tomar varias ciudades del estado de Chiapas el primero de Enero de 1994 y, de pasadita tumbarle el ilusorio escaparate comercial a carlos salinas, (las minúsculas son a propósito aunque se enoje la computadora) el mero día de su ascensión internacional. Cansados de la indiferencia y arrogante actitud gubernamental, Artos de tantas injusticia, tanto despojo en un extenso relicario de exterminio y olvido en más de 500 años. Había decidido, un puñado de indígenas mayas, declararle la guerra al Ejercito Nacional Mexicano. La primera gran locura Postmodernita. Los más olvidados, los más lejanos de nuestro inconciente colectivo, los espíritus que habitaban las páginas del chilam balam se materializaban, irrumpían en la palestra social con una determinación a vencer al olvido que chiquito les parecía el estado Mexicano con sus ejércitos y utilerías. Habían apostado a la rueda del tiempo, si no fuese su tiempo, verificarían con el reloj ese otro tiempo, su propio aniquilamiento, un poquito más allá de su muerte. Pero lo inimaginable adquiría cuerpo, la profecía incrustada por obra del espíritu y del cincel se develaba. De todos los meridianos volteaban la mirada, una solidaridad espontánea brotaba en todas direcciones: las barriadas y quintos patios se solidarizaban, los gambucinos de las distintas geografías recogían sus bártulos y se hacían a la mar, los que ya no tenían espacio en el tablero del surrealismo social gritaban conjuros, los desahuciados por el falso equilibrismo neoliberal, encontraban un nuevo motivo de vida y de luz, entre ellos yo.

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